¿Te imaginas el mundo sin información?

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No, no es posible. Y en todo caso de que llegase a suceder un escenario tal, el mundo se convertiría en un lugar anárquico y desordenado; tampoco sabríamos a quién seguir y qué hacer. Muchos menos existirían los políticos, músicos, actores y periodistas.

Explicar el significado de la palabra “información” no es tarea sencilla, va más allá de un conjunto organizado de datos que llevan un mensaje y tiene el propósito de cambiar el conocimiento de quien lo recibe.

Dentro de ese mismo gran episteme, se encuentra el término “comunicación”, que básicamente es la interacción que existe entre dos polos racionales que comparten alguna información; es decir, ambas están estrechamente relacionadas o no puede existir una sin la otra.

Ahora bien, desde tiempos remotos, estar informado es casi una necesidad vital; por ejemplo: cuando el hombre comenzó a poblar el mundo fue consciente de su capacidad de hablar una lengua, comprenderla e incluso difundirla. Para eso imaginemos al jefe de alguna tribu indígena explicando a sus congéneres que el sitio sería atacado por otros grupos; las personas que escuchan el mensaje tendrán una reacción inmediata ante el peligro que los hará actuar.

Entonces, no hace falta explicar un escenario arcaico porque la información siempre tendrá vigencia. No obstante, existen momentos en los que la sed de las noticias es mayor, como lo fue en abril de este año, cuando suscitaron una serie de manifestaciones antigubernamentales que dejaron graves consecuencias.

Tomando en cuenta el ejemplo de nuestro país:

Todos sabemos que el derecho a estar informado es un algo inalienablemente humano, y sagrado. De hecho, el artículo 58 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela  establece que toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial.

Sin embargo, algunos gobiernos han contradicho las palabras de ciertas leyes que regulan el manejo de los mensajes en Venezuela. A ese fenómeno se le denomina censura.

La censura son limitaciones impuestas al momento de divulgar un suceso. Considerando los meses de manifestaciones, muchísimas cadenas de televisión nacional omitieron información importantísima para la colectividad como: el número de caídos, las detenciones, etc. Desde entonces, los televidentes emigraron a los medios digitales (también ocurrió durante febrero de 2012).

Precisamente, el internet es el principal emisor de contenido, pero en las últimos días la ex fiscal de la república denunciaba que la nueva ANC podría regular las redes sociales, es decir, la información que por allí circula.

¿Ahora qué?


En momentos convulsos es vital mantenerse al tanto de lo que sucede día a día. En caso de que los rumores de regulación en plataformas sociales sean ciertos, nos quedaremos con pocas ventanas comunicativas. Desde entonces, creo que el comienzo de este escrito tiene la respuesta.