Santo Sepulcro, Orgullo del terruño villacurano

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Cuando el reloj marca las 9:00 am la pesada y preciosa figura de Jesús en el féretro es levantada en los hombros de cien personas. El himno nacional entonado por la banda de los Niños Cantores se hace escuchar para acompañarlo durante su recorrido. Minutos más tarde, un bastión humano aplaude y llora al ver emerger la figura por la puerta principal de la casa del Santo.



Algunos vestidos de nazareno, otros  concentrados en su oración con velas en sus manos y  gente con los ojos vendados como manera de pagar promesa por milagros concedidos, son parte de esos  devotos que año tras año llenan las calles de fervor al celebrar esta manifestación cultural histórica.

Indudablemente, la semana santa en villa de cura significa acercamiento y reivindicación. Más que una reunión católica por las calles de este humilde pueblo dedicado a la talabartería y la siembra, representa su idiosincrasia.



Entre leyendas y mitos

La imagen del Santo Sepulcro es famosa y legendaria, en torno a ella giran  numerosos milagros concedidos y mitos sobre sus inicios. Sin embargo, se puede afirmar con rotundidad que la imagen llegó a Villa de Cura alrededor de los últimos años del siglo XVIII e inicios del siglo XIX.

Se presume que es obra de un artesano de origen español, posiblemente por encargo y tiene un valor inestimable. Fue realizada en cedro por lo que se cree que debió ser esculpida en Venezuela, pero su técnica es 100% española. Muchos escultores consideran que la figura tiene perfectas líneas anatómicas, así como la acentuación de la sangre sobre el cuerpo que da un impresionismo real de técnicas usadas en España.

Probablemente,  esta imagen fue adquirida por la familia de Los Ríos, propietarios de la casa donde ha permanecido desde su  llegada y ejecución, actualmente se ha convertido en su aposento.

El cofre que guarda la talla tiene cuatro columnas corintias que sostienen cuatro vidrios laterales que exhiben la figura de Jesús Yacente,  es de madera y cristal y mide de forma rectangular 2.30 cm de largo, 1.10 de ancho y 1.60 de alto y la imagen es buena escultura de cedro antigua, de ms 1.70. Tiene una toalla bordada en oro, dos colchones, dos almohadas también bordados en oro, mesa de caoba, diez candelabros de cristal, treinta pares de floreros, y una cruz de color morado en su parte posterior.

La imagen desde que llegó a Villa de Cura no tenía culto en la calle, simplemente se oraba en su habitación. Con el pasar de los años, alrededor de 1890 el número de visitantes fue creciendo y los propietarios de la casa aceptaron la propuesta de los creyentes de pasear la figura por los pasillos de la casa mientras que un grupo de jóvenes se ofrecieron a la tarea de cargarlo y la familia les obsequiaba comida y refrigerios.

No obstante, en la semana santa de 1883 hubo una presión excesiva. Una multitud reunida en las afueras de la casa solicitaban ver a figura y vociferaban “Abran la puerta, que es el pueblo que quiere ver al santo”, hasta tal punto que se tuvo que cerrar las puertas. Desde aquel suceso durante todos los viernes santos, la imagen religiosa saldría a recorrer la calle Bolívar hasta pasear la plaza Miranda para finalmente entrar a la iglesia Matriz.

A las seis de la tarde, nuevamente se reúnen los creyentes en el templo para oficiar un rosario, y  una hora más tarde se da inicio a la procesión nocturna, al pasar justo al frente de la estación policial de la Villa, es soltado un ladrón pero siempre dan libertad a algún borrachito que alteraba el orden público.


Sociedad de Cargadores

La sociedad de cargadores del Santo Sepulcro se fundó en el año 1985 y nace con el fin de prestar mutuo auxilio entre los voluntarios en caso de que alguno sufriera una enfermedad, accidente, o muerte de un cargador. Reciben la imagen el día viernes santo por la mañana y hacen entrega de la misma en la madrugada y son los responsables de la misma durante la procesión diurna y su estancia en la iglesia matriz.

La figura es cargada por cien personas, ochenta abajo y veinte a los lados. La marcha que con orden realizan, consiste en dar tres pasos hacia adelante, dos para atrás y acompasar de derecha a izquierda lo que le daba un toque imponente y de majestuosidad.

El secretario administrativo de la sociedad, Pedro José González y también encargado de llevar la y sonar la matraca cuando la banda deja de tocar para continuar la marcha durante la peregrinación, tiene más de veinte años haciendo este trabajo.  Ocupa el cargo que alguna vez fue de su padre, para éste hombre el santo sepulcro representa amor y devoción, y por supuesto tradición para el pueblo villacurano.

Por otro lado, Johan Rojas quien forma parte de la nómina de cargadores,  tiene once años  en la sociedad a raíz de un accidente que sufrió. Rezó por su salud al santo sepulcro y en vista de su curación decidió formar parte de esta sociedad, él se siente comprometido a seguir con su meta de cargarlo hasta que la vida se lo permita.

Estos hombres organizados por filas, llevan una almohadilla sobre su cabeza para cargar el gran peso de la figura, que se estima es de unos 800 kilogramos debido a que también dentro del ataúd se encuentran las ofrendas que les han sido dadas al santo.

Por su parte German Lozano, lo ha cargado por 56 años durante la noche y lo alumbra en el día. “pido por mi familia, por mi país, y por su país porque la fe lo puede lograr todo”.

Para el presidente de la Sociedad, Juan Cartaya, este es el santo de los estudiantes debido a que los miembros son en su mayoría adultos jóvenes, que prestan su apoyo: “Más que una imagen de yeso, es algo que uno lleva en el corazón”. Para finalizar, "idiosincrasia", es la palabra ideal que retrata al santo sepulcro para la población en general, que se siente orgullosa por el terruño natal y que cada viernes santo vuelve a casa por convicción propia.