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Narradores, escritores, autores, poetas... Todos con una fuente de inspiración convencional o inusual -musa al fin- que se convierte en la maquina potente que no cesa de expresar y expresar

Como escritora experimental, habitúo garabatear sobre mis emociones y sentimientos. Como jovencita de película y telenovela tengo un diario que funge como mi confidente en el que dejo mis historias diarias.

En la gaveta están cuatro libretas: dos de clases, una sin usar y, la última, es mi cuadernito sentimental. Quizás sea uno o dos años haciéndolo, pero realmente es algo que me gusta porque me permite plasmar lo que necesito.

Tomé el último cuaderno y comencé a hojearlo, cada párrafo era un soliloquio que contar, una reacción emergida, una emoción descargada en tinta azul. Unas alegrías y tristezas, otras desventuras y dichas registradas con fecha y hora.

Tuve ganas de repasar aquel diario que hoy me sirve de apoyo y esperanza para atravesar los vaivenes de la cotidianeidad, la frustración por reprobar, la tristeza de perder algo querido y la indignación ante las injusticias que atiborraron de letras aquellas páginas.

Hoy mientras escribo llueve, es uno de esos días en el que el gélido clima se asemeja al estado de ánimo -turbulento y desorientado-, aunque todos los objetos de mi cuarto parecen estar en su lugar, siento que no es así, porque tomé aquel refugio emocional y leí.

Tras repasar cada frase, entendí un par de cosas...

1. Escribir es una de las mejores maneras de descargar emociones.

2. Hacer notas, sirven de inspiración para redactar cuando lo desee.

3. Entenderá que ahí ya había estado. Con esta emoción, nostalgia o desesperanza sentirá, comprenderá y la superará.


4. El clima, como el estado de ánimo, tarde o temprano cambiará.

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