Flores: magia y ambigüedad

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           Desde la antigüedad, las flores han sido una noble vía para dar a conocer y transmitir sentimientos. Habitualmente, se define como un brote de plantas, formado por hojas de colores, del que se formará el fruto. Resulta increíble que con el pasar de los años, la sociedad mantenga la costumbre de obsequiarlas con distintos propósitos y en ocasiones diferentes.

            Aunque hoy en día, algunas personas consideren que las flores se han convertido en un común presente y resten importancia a detalles como estos, su magia sigue vigente. Una flor no tiene nada que envidiarle a objetos que, por más costosos que sean, nunca tendrán el mismo alcance; debido a que a través de ellas  se  pueden manifestar mensajes de amistad, respeto, admiración, entre otros.

            Según Jean Chevalier (1986), la flor en general es símbolo del principio vacío, representa el amor y la armonía que caracterizan a la naturaleza. Cabe destacar que éstas son una hermosa adición a cualquier entorno, es decir, se adecúan al contexto al que pretendamos incluirlas, pues con el simple hecho de observarlas nos emiten un significado que puede ser interpretado.

            Ellas pertenecen a la vida y a la muerte, porque así como nacen también mueren. Pueden ser entregadas en el florecer del amor con el fin de exteriorizar emociones; sin embargo su presencia se hace notar en el funeral de un ser querido para expresar afecto e incluso dolor.

            Se puede afirmar entonces que, su ciclo es similar al nuestro, llegan a la tierra con una intención, morfologías y colores desiguales. Existe un total de 250.000 especies con simbolizaciones propias, por ejemplo la acacia amarilla se refiere a un amor secreto, la camelia dice: “te querré siempre”, mientras una rosa blanca enuncia miedo. Las madres han optado por colocarles a sus retoños nombres como Margarita, Lirio y Violeta.

            El lenguaje de las estas tiene su origen en el Oriente y se ha transmitido de generación en generación y de cultura en cultura, pasando por el Antiguo Egipto, la Edad Media, el Renacimiento, hasta llegar al Romanticismo, época de su máximo apogeo. Se cree que este comenzó en Constantinopla en 1600 y se introdujo en el Occidente en el año 1716.

Asimismo, esconden curiosidades que muchos no conocen, la superstición con los claveles dice que “a una actriz jamás le debes regalar claveles pues le atribuye mala suerte”. Este mito viene del siglo XIX, cuando los teatros contrataban en forma directa los actores por toda la temporada. Si el director de la sala quería decirle a la intérprete que su contrato sería renovado, le enviaba rosas. En cambio, si eran claveles, la artista pasaba a partir de ese momento a ser desplazada.


           Si bien es cierto, el uso de las flores ha sido de carácter universal, porque nos ofrecen placer y alegría, con frecuencia las utilizamos para decoración de matrimonios, quince años y bautizos. Al igual que en productos de higiene y belleza como desinfectantes, jabones, champús, cremas hidratantes, labiales, entre otros.

            No obstante, uno de sus más significativos aportes es que son empleadas para usos medicinales, con la finalidad de eliminar malestares se consumen bebidas hechas con sus pétalos. El crisantemo sirve para curar catarros, fiebres, dolores de cabeza e hipertensión, la infusión de rosa mejora la circulación, limpia el hígado, los pulmones y la vejiga; por su parte el girasol ayuda a calmar dolores menstruales, de úlceras, garganta y amigdalitis.

            Son tan importantes en la cotidianidad que, existen lugares donde podemos adquirirlas fácilmente, como en floristerías y viveros. No sólo nosotros poseemos conexión con las flores, los animales igualmente la tienen, al punto de ser muy atractivas en cuanto a su belleza y aroma; de modo tal que las abejas no puedan evitar acudir a ellas para degustar el néctar. En fin, las flores reflejan ambigüedad porque pueden connotar pasión, perdón, vida y algo tan inevitable como la muerte.




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