¿Usas mascara? Quitatela y se tú

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A muchos nos ha pasado que cuando nos gusta alguien queremos impresionarlos para llamar su atención y utilizamos cualquier herramienta para que se fije en nosotr@s.

Una de las estrategias de conquista que usamos es sacarle el máximo provecho a nuestros atributos físicos, aunque se obtenga o no los resultados esperados. Además la cortesía exagerada se adueña de nuestro ser y aun así esa persona ni se inmuta con nuestros intentos, pero...

¿Cómo robar su atención?

Recuerdo la vez en la que me gustó un chico, entrenador de baloncesto y estudiante del mismo instituto en el que estudié y pues él me hablaba de su equipo favorito cada vez que nos veíamos, mientras yo me quedaba escuchándolo todo el rato. Por tanto, yo lo sorprendería y también conocería el tema porque me parecía la única manera de llegarle... Me aprendí la biografía de un tal  "Greivis Vásquez", memoricé todos los nombres de los equipos de la NBA y aunque no me interesaba en absoluto el 'temita', ya tendríamos de qué hablar la próxima vez.

Los nervios se adueñaban de mí, con solo verlo. Intenté de muchas maneras sacarle una buena conversación... hablé de los Trotamundos y él expuso la historia del equipo, la mejor parte era verlo risueño durante su disertación  y yo mirarlo boquiabierta, fascinada. 

El tiempo pasó y la meta del día era coincidir con él en los pasillos, mis ojos lo atisbaban a lo lejos. Me iría arreglada para encontrármelo “accidentalmente” por los pasillos, pero digamos que no dio gran resultado.

Recuerdo también, haberle escrito un par de veces, hablar de gustos que eran totalmente opuestos a los míos, mientras yo buscaba la manera de calar. Desde aquel momento me había convertido en un títere de lo que yo suponía que le pudiese gustar de mí. Una fusión de sus intereses imponiéndose sobre los míos.

Visiblemente, esto generó una gran frustración en mí... ¿Por qué no le pude gustar? Intenté por todos los medios llamar su atención y aunque diera la mejor respuestas a sus preguntas... ¡nada!

¡TIPS!

Ya fuera del vorágine del amor, comprendí que lamentablemente las cosas no puedo construirlas a mi manera, eso significa que no puedo forzar a alguien a sentir algo por mí. El mayor error que podemos cometer es fusionarnos con el otro, y lo peor de todo es que esa persona puede notar que estamos fingiendo lo que significa un descarte inmediato.

Es válido que cuando empiezas a conocer a alguien queremos impresionar al instante, pero el tiempo pasa y esos “encantos” desaparecen lo que resulta bastante decepcionante. Del mismo modo estamos ilusionando a esa persona con alguien que no somos realmente.

Desde entonces comprendí que no existe nada mejor que ser uno mismo con los otros... Me gusta el rock, me encanta leer sobre historia universal, veo películas de Disney, me fascina observar la puesta de sol. 

Existen muchas posibilidades de conectar tu esencia con la de alguien, siempre y cuando estés dispuesto a conocerte y a conocer a los demás.


No existe nada mejor en el mundo que conseguir  a esa persona con la que puedas ser tú, sin filtros ni mascaras... Te sientes como si estuvieras en casa y es ahí donde comienzan las buenas historias.

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