Entre hablar o callar… ¿Qué prefieres?

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Más que un pacto de confidencialidad, los secretos fomentan la intimidad, lealtad y madurez en nuestras relaciones interpersonales.



Probablemente has pasado por la situación en la que tuviste que guardar un secreto, en ese momento te convertiste en un cofre cerrado con doble candado, pero... 

¿Cuáles son los motivos por los que guardamos un secreto?

1. Porque nos piden discreción.


2. Para no dañar a los implicados.


3. Porque nos enteramos por casualidad.




Al ser confidentes de alguien, significa que somos discretos y que nos tendrán confianza en el futuro. Además sabemos que existen asuntos propios y ajenos que no deben estar en boca de todos.

¿Qué asuntos se deben guardar?

1. Situaciones graves: Cuestiones intimas muy personales como secuestro, extorsión o abuso sexual.

2. Defectos físicos: Algún desperfecto del cuerpo.

3. Asuntos familiares: Situaciones que involucran a personas allegadas; como infidelidades o violencia intrafamiliar.

Proteger secretos, paralelamente podría hacer que las situaciones se salgan de control e, incluso, convertirnos en cómplices de algo que no teníamos nada que ver.

¿Cuándo se debe romper el silencio?

1. Cuando la integridad física y moral de los involucrados se ve afectada.

2. Cuando el secreto es el camino para resolver un problema.

3. Cuando se vuelve perjudicial.

Guardar secreto es... ¿Bueno o malo?


Ser discreto y confiable es una virtud, pero existen ocasiones en las que se debe romper la regla. Si tú, familiares, amigos e, incluso, desconocidos se ven afectados injustamente debes ceder minuciosamente.

No tengas miedo a pedir un consejo, no permitas que un secreto se convierta en una carga pesada y tampoco le cedas espacio al miedo y la ignorancia, pues todos merecemos ser escuchados y apoyados.

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