La indecisión de Disney

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El Jorobado de Notre Dame no sabe qué ser.
Esmeralda y Frollo. Cortesía: Disney.

A los encargados de preparar la adaptación al cine para Disney de Nuestra Señora de París (Víctor Hugo) es difícil saber si otorgarles un premio o castigarlos. La primera opción sería para premiar el espectáculo visual que lograron al representar a la ciudad de París; la segunda sería castigo por queda en el punto medio de una película para niños y una para mayores.

Durante el transcurso del largometraje se presencia una historia en el que los prejuicios hacia Quasimodo lo han convertido en una persona recluida al campanario y donde el juez Frollo (uno de los mejores villanos de Disney) enloquece por el deseo que siente por una gitana (Esmeralda).

Disney siempre ha tenido toques oscuros en sus películas, pero ver al villano aceptar el infierno a cambio de poder estar con una mujer es más de lo que la audiencia está acostumbrada a observar; en especial al tomar en cuenta que el mismo hombre fue el que asesinó a la madre del protagonista por ser lo mismo que Esmeralda: una gitana.

¿Cuál es el “crimen” de esta película? Que detrás de los anteriores acontecimientos hay jugarretas entre las gárgolas que harían que un niño sintiera pena ajena, que a pesar de tener todo en contra los protagonistas no sufren ningún daño y logran el tan esperado final feliz.

El Jorobado de Notre Dame no es una mala película: la animación es excelente, la historia te mantiene atrapado y cuenta con uno de los mejores villanos de Disney. Pero no logró el éxito de otros gigantes de la época (El Rey León, La Bella y la Bestia, Aladdin, etc.) y realmente pasó sin pena ni gloria, quizás por no tener un público definido al cual dirigirse.

Por Gustavo Cantella

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