Especial del día del Padre: Mi padre ideal

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Les cuento, este es y siempre seguirá siendo mi padre ideal.

Cuando pequeño él no me dejaba caer, siempre me tendía sus manos para protegerme y no dejar que me hiciera daño, yo lo veía fuerte y grande como un roble, y junto a mis hermanas nos llevaba al colegio, a los parques, o simplemente de paseo. De las notas de nuestro estudio él estaba siempre pendiente, nos enseñó a leer y escribir, nos representaba en los deportes, en todos los actos que se organizaba en nuestra escuela.

Y así fuimos creciendo, y ¡qué felices fuimos los cuatro!, el cuidaba de mis hermanas y de mi todo el tiempo, era un ejemplo a seguir, siempre complaciente, amoroso y tierno, si fallábamos en algo nos hablaba con sabiduría y paciencia, para que lo entendiéramos lo mejor posible, nunca hubo un castigo para nosotros departe de él, porque lo que nos daba era amor.

Mi papá… ¡Qué hombre tan maravilloso!, siempre con una sonrisa en los labios. Recuerdo que me decía: “hijo, tienes que ser un hombre de provecho, una persona íntegra, cuídate de las drogas, no caigas en los vicios, aléjate lo más que puedas de las malas compañías, aprende a cuidar a tus hermanas y a esa mujer saber valorarla por lo que ella representa para ustedes: una muy buena madre. Es por si algún día yo te llego a faltar y recuerda yo seguiré siendo tu padre y tú siempre serás mi hijo, y nunca te olvidaré, te llevaré en mi corazón por siempre”. Que hermosas palabras de mi viejo, mi mejor amigo, mi compañero, mi padre ideal.

Cuando escuché a lo lejos: “hijo despierta, para que lleves a tus hermanas al colegio, que yo tengo que trabajar”. Me desperté llorando, unas lágrimas corrieron mi rostro, y mientras secaba mi llanto, contesté: “sí madre, ya oí”.  Me di cuenta que todo fue un sueño, y pensé: ¿cuántos como yo no desean a ese padre ideal, un hombre ejemplar, amoroso? Un padre como tal.

Respiré profundo y ahí supe que ese es el padre que yo quería para mí y mis hermanas, ya que nunca tuvimos uno. Ojalá otros tengan la dicha de tener a ese hombre como el de mis sueños, y no tener un amargo despertar. Esos son mis más grandes deseos para todo hijo. Y a aquel que vaya a ser papá que tome esto como una reflexión en la vida para sus hijos.

Padre, cuanto te anhelo...





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