Antiguo 23 de enero

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En 1998 Ciudad Guayana se llena de esplendor al recibir una gran fortuna que llegó bajo una óptica científico-cultural donde lo importante era dar a conocer los recursos que conforman el patrimonio de la cuenca del río Caroní y su desarrollo hidroeléctrico, el cual incluye fauna, flora, hidrología y potencial enérgico. Es una síntesis de desarrollo: Antes “23 de enero, ahora “Ecomuseo del Caroní”.

Una mañana de julio estaba sentada en mi asiento de bus, escuchando como mis compañeros de 4to grado ansiaban llegar a la sorpresa que nos tenía preparada nuestra hermosa maestra, mientras yo culminaba mi desayuno apegada a un sueño que consumía mi cuerpo. Llegamos al terreno, mis amiguitos bajaron corriendo unas escaleras enormes que nos llevarían a la entrada del lugar, yo en cambio le seguía pidiendo permiso a un pie para mover el otro.

Se dividieron las puertas y simultáneamente se abrieron mis ojos, se deslizo la venda que en ellos tenía y saltó mi corazón, al ver un lugar tan majestuoso, lleno de cuadros gigantes que nunca terminaba de apreciar, un cálido piso de madera que dejaba escuchar mis pasos al caminar y una encantadora guía que me tomaba del brazo para no perderme en tan amplia locación, mientras me nutria de todo el conocimiento necesario sobre el lugar.

            Sin duda siempre lo albergó lo más granado desde el punto de vista artístico a nivel nacional. Se podían observar obras de Chirinos, referente nacional de arte con un toque surrealista, incluso con obras referidas a la cuenca como tal; otro gran exponente en los inicios de 2000 fue el gran Villalón, insigne pintor venezolano.

Llegar a un lugar en el que abrir sus puertas era recibir educación, cultura y entretenimiento a través de actividades expositivas que lograban bajar tu quijada, se ha vuelto una de las últimas opciones para el guayanés, debido al descuido arquitectónico del mismo y la poca atención a los escasos visitantes. Y, tú… ¿Qué opinas al respecto?.

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